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Antonio Seguí
Lithographs
Oct. 31 - Nov. 30, 1969
Galería Colibrí catalogue #42
Introduction by
Andre Pieyre de Maudiargues
©Galerie Claude Bernard. Galerie Jeanne Bucher
ANTONIO SEGUI
Después de su gran doble exposición (Claude Bernard y Jeanne Boucher) de 1954, Antonio Seguí no ha dejado de darnos goces y sorpresas. En primer lugar, es que este argentino, cosa rara en su generación, me parece nacido para la pintura como Cassius Clay para el pugilato, y que cada punto, cada línea, cada "abanda", cada aplicación de color que sobre el papel, el cartón, la madera o la tela él hace, posee una presencia y un peso cuyos trazos guardará la memoria visual tanto tiempo o más que vuestra piel la de los golpes eventuales. El arte moderno (la pintura casi tanto como la escultura con la cual tiende a confundirse) ha tomado un caracter agresivo que aumenta a medida que el tiempo se acelera, circunstancia que no esta sin relación con el curso de la historia, que los artistas sienten o presienten mediante una especie de instinto o de lucidez casi de "medium". Seguí, bajo este punta de vista, no es menos que ninguno de sus contemporáneos; está superiormente armado para todas las formas de la guerrilla artística de nuestra época encantadora.
No obstante, cuando su pintura era expresionista, con más asentimiento que hoy en día, habíamos descubierto en él uno de los más grandes artistas satíricos de la América Latina, y le seguíamos con gran apasionamiento cuando con el pincel o el lápiz nos llevaba a lugares siniestros: burdeles, tribunales, patios de fábricas, salones sospechosos, despachos de hombres rapaces, o esquinas de calles propicias para el robo, la violación o el asesinato, todos los lugares que sabemos son más comunes en los barrios de Buenos Aires o de Córdoba. Amamos y admiramos semejantes cuadros del primer estilo de Antonio Seguí por sus cualidades pictóricas y por su violento humor negro, menos negativo, y ya constructivo, a pesar de su potencia de destrucción. Porque detrás (o debajo) de éso que hay que llamar ferocidad, percibíamos la ternura frente a la vista de la vida miserable, el amor de una cierta humanidad frágil que es la mejor parte del sistema latinoaméricano.
Los nuevos trabajos de Seguí están generalmente dominados por esa especie de ternura intimista, de mirada calurosa hacia los pequeños mundos. En efecto, lo más importante o lo más nuevo de lo que en el presente nos muestra, es una representación múltiple de lo que es por excelencia el dominio del hombre, casas banales, muebles, animales familiares, la naturaleza tal cual lo apercibe un ojo común. A Seguí le gusta repetir ese simple dominio, común a todos, y lo mete en cajas, como para protegerlo, bajo la forma de menudos relieves descabezados, y pintados con una mezcia del amor que ya he mencionado antes, y de una ironía de la cual el no se separará jamás. A veces, el pequeno dominio toma una actitud "poco franca", como si estuviera sometido a una posesión, a una tentativa de aplastamiento. La interpretación, en la actualidad, no es difícil, y la dejo al cuidado de los observadores.
Además de los pequenos mundos, A. S. expone grandes paneles compuestos de cuadros intercambiables, donde el sujeto es oportunamente todo lo que cae bajo el ojo del hombre común y corriente, y la enseñanza que de ellos podría extraerse es sin duda optimista, puesto que se traduce por la equivalencia de las apariencias exteriores a través de las variaciones de la organización del espectáculo. Las litografías son un poco como el trazo de unión entre el universo satírico o burlesco de los antiguos cuadros y los simples microcosmos de las nuevas representaciones. Por otra parte, todo eso ha side producido por una mano de habilidad incomparable, bajo la dirección de una inteligencia que no rechaza la belleza.
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